De la cuna celeste a la gloria eterna: ¡feliz cumpleaños, Pablo Aimar!

Hoy, Estudiantes, Río Cuarto y el fútbol mundial aplauden de pie a quien nunca necesitó levantar la voz para hacerse gigante: Pablo Aimar, el muchacho de la sonrisa tímida que le devolvió la magia al juego más lindo de todos.
Nacido el 3 de noviembre de 1979 en Río Cuarto, Pablo dio sus primeros pasos futbolísticos en Asociación Atlética Estudiantes. De allí partió hacia Buenos Aires para escribir páginas doradas con el River Plate de los "Cuatro Fantásticos", antes de conquistar Europa con el Valencia CF y el Benfica. Sin embargo, la raíz nunca se cortó. El amor por su tierra natal quedó inmortalizado el 23 de enero de 2018, cuando a los 38 años decidió ponerse los botines por última vez de manera oficial vistiendo la camiseta celeste del "León" del Imperio, en un Estadio Antonio Candini repleto y compartiendo cancha junto a su hermano Andrés. Aquella noche, con Marcelo Bielsa conmovido en la tribuna, el "Payasito" cerró el círculo perfecto donde todo había comenzado.
Años después, su docencia y sensibilidad encontraron el lugar más justo en el banco de suplentes: como puntal silencioso y sensible del cuerpo técnico de Lionel Scaloni, fue arquitecto del vestuario que conquistó la Copa América y se consagró campeón del mundo en Qatar 2022.
El verdadero sentido de pertenencia no se negocia ni se apaga con el paso de los años; florece en cada rincón del Antonio Candini y late cada vez que la pelota empieza a rodar.
Hoy no es una fecha más en Río Cuarto: la Asociación Atlética Estudiantes se viste de fiesta para saludar en su cumpleaños a Pablo César Aimar, el pibe de nuestra casa que aprendió a acariciar el fútbol en nuestras canchas y llevó los colores celestes como bandera por el mundo entero.
Su magia adentro de la cancha inspiró a generaciones enteras quien creció admirando su talento y frescura—, y su calidad humana lo llevó a la gloria más alta.
A pesar de haber tocado el cielo y conquistado el planeta del fútbol, Pablo nunca dejó de ser aquel chico humilde, inteligente y apasionado que caminaba por nuestras tribunas.
Por tu fútbol lírico, por tu docencia, por tu simpleza y por elegir despedirte en el club donde empezó el sueño: ¡gracias eternas y muy feliz cumpleaños, Payasito! Esta siempre será tu casa.

